📯 El mito de la CREACIÓN DEL UNIVERSO según la mitología nórdica
(MITOLOGÍA NÓRDICA CAPÍTULO 1)




   Se cuenta que al inicio de los tiempos, no existía más que  un vacío intermedio, un abismo, y al norte de este existía la región de Niflheim, la tierra helada, y al sur  Muspell, la tierra ardiente. Al unirse los doce ríos que se nutren en estas regiones, se formó en el abismo una zona de gélida escarcha, al derretirse esta con el viento cálido del sur, surge Ymir, un gigante de escarcha, y la vaca Audhumla, e Ymir apagó su sed en uno de los cuatro manantiales de leche que fluían de la criatura. Mientras dormía, Ymir empezó a sudar y de las gotas de su cuerpo nacieron nuevos gigantes helados, siendo el más importante Bolthorn (o Bölthor). Por su parte, la vaca Audhumla se alimentaba del hielo salado de Ginnungagap. Según la mitología, el primer día que lo lamió, apareció la cabellera de un hombre; al segundo día, su cabeza, y al tercero, su cuerpo completo. Este ser recibió el nombre de Buri.



 Del matrimonio entre Bestla, hija de Buri, con Bor, hijo de Bolthorn,  nacen Odín y sus hermanos Vili y Vé. Estos tres dioses muy pronto se volvieron en contra de la raza de los gigantes.  De la misma manera, y por el odio que sentían contra él, dieron muerte a Ymir, y  su sangre ahogó a todos los demás gigantes de hielo, menos a dos, los que escaparon para perpetuar la raza.  Uno de ellos se llamaba Bergelmir (el vociferante rocoso), quien, nadando entre las olas de espesa sanguinolencia, logró ponerse a salvo, y, con él, a su mujer. De esta última pareja de gigantes descienden los ogros, trolls y orcos diversos que pueblan las montañas. Al calmarse el caos resultante del desbordamiento y al derretirse el hielo, los tres dioses sacaron el cuerpo inerte de Ymir fuera de las aguas abismales, siendo que a través de descuartizar, acuchillar y moldear su deshecha carne,  crearon la Tierra. Su sangre formó los Ríos, lagos y los Mares, y de sus huesos y dientes nacieron las Montañas. Finalizadas las primeras tareas, se sorprendieron al ver surgir del interior de la tierra una raza nueva, la de los enanos, que según los antiguos escaldos se podría decir que nació por «generación espontánea», apareciendo sobre la faz del joven mundo «igual que los gusanos salen de dentro de los cadáveres corruptos». Odín y sus hermanos los utilizaron para proseguir su obra.

 Su cráneo fue colocado sobre la Tierra y formó la bóveda celestial, eternamente sujeta por cuatro enanos en sus puntos cardinales, llamándolos: Nordri, Sudri, Austri y Vestri, es decir,  Norte, Sur, Este y Oeste.   Más tarde, Odín convenció a un gigante para que se apostara, transformado en águila, en una de estas esquinas y, batiendo sus alas, creara los vientos. Con las corrientes de aire se desparramaron los sesos de Ymir por el firmamento  creándose así las Nubes (el hogar de los gigantes).

Con el bello del gran gigante de hielo Ymir, fueron creados las plantas y los árboles. Y de sus cejas se crearon las barreras entre el Jötunheim . Luego tomaron las chispas que salían del Muspell y las colocaron en el cielo para que iluminasen el firmamento y la Tierra; y las llamaron Estrellas. Y de este trabajo resultaron los días y las noches, y comenzó a pasar el tiempo, pero a pesar de lo anterior, la luz no era suficiente todavía.  Los hijos de Bor se fijaron entonces en la bella hija de uno de los primeros gigantes. Se llamaba Noche y tenía la tez oscura y el cabello negro. Noche había disfrutado de tres amantes pero sólo llegó a parir un hijo del último de ellos, Delling (Albo), de rubio cabello y apariencia brillante por rasgos paternos. Los dioses pensaron que nadie mejor que madre e hijo para alumbrar su creación y les ofrecieron el honor de regir cada jornada. Así, durante doce horas, Noche recorrería los cielos a bordo de su carro celeste, tirado por dos caballos al galope, y, durante otras doce, Día haría lo propio.


El nacimiento de Yggdrasill y los nueve mundos


De esta manera, del suelo brotó Yggdrasill, el gran fresno, cuyas poderosas ramas separaban los cielos de la tierra y cuyo tronco constituía el eje del universo. De hecho en algunas leyendas Yggdrasill es el mundo mismo. Sus tres raíces se hincan en las profundidades, más allá de las raíces de las montañas y sus perennes hojas atrapan las estrellas fugaces según pasan. Y es así que se conformó el orden en los nueve mundos: 

-Helheim, el hogar de los muertos.

-Svartálfaheim, el hogar de los elfos oscuros

- Niflheim, el hogar de las tinieblas y el terror.

- Jötunheim, el hogar de los gigantes.

-Midgard, el hogar de los humanos

-Vanaheim, el hogar de los vanir

-Alfheim, el hogar de los elfos de la luz 

(también conocido como Ljusalfheim).

 -Asgard, el reino de los dioses

-Muspelheim, el mundo primordial de fuego.

 



Con los cimientos del mundo ya en pie, los hijos de Bor se dedicaron a repartir las tierras.

Primero otorgaron Jotunheim (la tierra de los gigantes) a los descendientes del coloso primigenio para que se quedaran allí colonizándola y no los molestaran. A fin de asegurarse de que se quedaban encerrados en su especie de reserva india, los dioses dispusieron alrededor un impenetrable bosque de hierro así como unos anchos ríos que nunca se helaban y por tanto no podían ser cruzados.

Luego cogieron las cejas de Ymir y con ellas construyeron una fortificación redonda, con unas murallas como acantilados, y la llamaron Midgardr (la tierra del medio). Más tarde destinarían este lugar para que fuera habitado por los hombres. Utgardr es el mundo de los demonios y los seres maléficos en general, el inframundo.

No obstante, los muertos que no merecieron la eternidad junto a los dioses no van allí, sino a otra región específicamente concebida para ellos y que se extiende por debajo de Midgardr: al reino de Hel. Allí existe una isla llamada Naastrand (la playa de los cadáveres) y sobre ella se alza una gran cámara de tortura que siempre queda fuera del alcance de la luz solar, porque sus puertas dan al norte. A primera vista, sus muros y tejados parecen confeccionados con mimbre, pero cuando uno se acerca lo suficiente se percata de que en realidad son serpientes envenenadas cuyas mandíbulas rezuman veneno por los colmillos para quemar a los asesinos, los adúlteros, los que juraron en falso…, todos los miserables en vida que allí se amontonan para ser castigados. En la orilla de este siniestro lugar se construye un drakkar muy especial: Naifarer Nalfgar, con el cual las hordas del mal asaltarán Asgardr en la batalla del fin del mundo. Esta embarcación está confeccionada con un único material: las uñas de los muertos.

La tierra más maravillosa de todas la guardan los dioses para sí mismos: es Asgardr, su residencia. Lo primero que construyeron allí fue Gladsheim (el hogar gozoso), del que se asegura que nunca se levantó un edificio más bello y refinado. En su interior había doce tronos, uno de ellos más alto que el resto, destinado a Odín como jefe de las divinidades. Luego construyeron Vingolf (suelo amistoso), un centro de reunión para las diosas. También instalaron un taller para practicar los trabajos manuales, pues éstos siempre fueron considerados honorables y útiles, entre otras cosas porque permitían fabricar las armas que necesitaban para luchar contra gigantes y monstruos. Allí trabajaron todo tipo de metales pero sobre todo el oro, con el que se hicieron todos sus utensilios. En el centro de Asgardr se extendía la llanura de Idavale, adornada por sus colonias y valles, y por supuesto por los espléndidos palacios de cada uno de los dioses. Uno de los más conocidos era el de Bilskirnir (Rayo), el castillo de Thor. Y para enlazar Asgardr, la tierra de los dioses, con Midgardr, la tierra de los hombres, se construyó Bifrost o Asbru (el camino tembloroso), el más hermoso de los puentes que nunca nadie pudo concebir. Los humanos lo conocen con el nombre de Arco Iris. Los dioses lo recorrían al galope a diario para ir a impartir justicia. Todos, menos Thor, que prefería ir corriendo, pues el trueno y el relámpago que acompañan a su carro hubieran quebrado la delicada estructura de Bifrost. 


El nacimiento del hombre y la mujer en la mitología nórdica

Por último, un día, paseando los dioses por la playa nacida del mar, encontraron dos troncos de árbol: un fresno y un olmo. De ellos tallaron al primer hombre y a la primera mujer. Odín les dio el aliento y la vida, Vili, la capacidad de pensar y de sentir; y Ve les concedió figura, habla, oído y vista. . Con ello, los troncos se convirtieron en el primer hombre, Ask (Fresno), y la primera mujer, Embla (Olmo), y a partir de ellos descienden todos los hombres y crearon así a la raza humana, a la que le fue concedido el derecho de habitar el territorio de Midgard, también llamado la Tierra Media. . Muchos reyes y casas reales clamaban su descendencia hasta Odín a través de Ask y Embla.




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