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sábado, 6 de enero de 2018

¿De dónde viene el símbolo del macho cabrío?

No sé cuántas veces he escuchado el repetitivo y monótono diálogo: -Oye, por qué le tienes miedo a eso-, – Ay, es que es satánico, no lo toques porque te puede pasar algo malo; palabras proveniente de labios de personas crédulas que no cuestionan nada si la información posee el timbre cristiano. Más aún, existen aquellos a los cuales la sola presencia de una imagen les provoca un serio caso de paranoia irracional, al punto de llegar a provocar convulsiones dignas de un caso de epilepsia.

Afortunadamente la realidad es otra, muchos de los símbolos que encontramos en la cultura tienen una explicación, que en muchos casos es extremadamente menos mística-mágica-fantástica que los “conocedores religiosos” nos hacen creer. Este es el caso del famoso “Macho cabrío”, símbolo comúnmente asociado al satanismo. En este sentido, la imagen -como muchas cosas en nuestra cultura- es una construcción de variados rituales y mitologías.

La procedencia base se asocia a la cultura griega, al dios Dionisio -Baco para los romanos-, debido a que sectores rurales de Grecia no tenían la capacidad económica para adorar a los toros -símbolo de la fertilidad en muchas culturas-, por escasez de bienes, por lo que adoraban machos cabríos.











Posteriormente, se produjo una conexión interesante con el dios Pan, una especie de fauno que se identificaba por su constante deseo erótico, del que a través de su propagación oral, los semitas asociaron a los Seirín (una especie de demonios con forma de cabra que habitaban en el desierto).

   Desde acá, el punto clave de su asociación con el satanismo se produce en la relación intertextual del libro de Levítico, capítulo 16: versículo del 8 al 10 y 26 en el antiguo testamento y el libro de Enoch (manuscrito apócrifo):

En el primero Aarón instaura un ritual en la doctrina judaica, en el cual él hecha suerte en dos machos cabríos, uno representando a Jehová el cual si es elegido será sacrificado en pos del perdón de los pecados. El segundo es designado a Azazel, si este sale elegido, se le dejará reposar vivo delante de Jehová, y luego será enviado al desierto en dirección a Azazel como ofrenda de reconciliación. Este rito descrito se celebraba en los templos, todavía en tiempos de Cristo, gracias a que los comentaristas cristianos antiguos casi unánimemente interpretaron la palabra Azazel como «macho cabrío que se lleva el pecado».

En segunda instancia nos preguntaremos quien es Azazel: este es un ángel atractivo nombrado en el décimo puesto dentro de los líderes de ángeles caídos comandados por Shemihaza. “Decena”, como se llamaba la legión, refiere al décimo círculo de ángeles más cercanos a Dios llamados (Gregori = los vigilantes, los que no duermen), estos tenían la misión de controlar a los humanos para que no se rebelaran. Con el transcurso de la comunión entre el Décimo y los humanos, los primeros tomaron gran simpatía con los hombres y les enseñaron el arte de las armas, metalurgia y joyería, mientras que a las mujeres el arte de la seducción, la alquimia, el uso de raíces, la brujería y la magia. Lo que según Enoch, provocó el crecimiento de la “impiedad y (por lo que) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.”

También sucedió que los jefes y su séquito se enamoraron de las hijas de Adán, lo que causo el nacimiento de la raza de los Nephilim, gigantes de unos “tres mil codos de altura” que al crecer devoraron el alimento de los hijos de los hombres, sin poder saciarse, por lo que comenzaron a devorarles, como también a las bestias de la creación. Por esta destrucción los ángeles Rafael, Miguel, Sariel y Gabriel hablan con Dios para informar sobre la perversión causada por los Gregori y su descendencia. Con la intención de terminar con la raza hibrida entre ángeles y hombres, Dios manda a anunciar a Noé el comienzo del diluvio.

En definitiva, este ángel llamado Azazel, que en otros círulo es llamado Lucifer (dador de luz), es en quién sobrevive la problemática. Es en este personaje en donde conviven dos interpretaciones. O es el ángel que se rebela a los designios divinos volviéndose una entidad maligna según la interpretación cristiana y judaica, o es el dador de conocimiento y precursor de la liberación y desarrollo humano que la iglesia de Lavey y otras toma como estandarte. Tanto en uno como en otro razonamiento, el macho cabrío toma relación con el satanismo gracias al ya aludido Levítico.