Dentro del periodo medieval, desde el siglo V al XV, el hombre comprendió el mundo a través del miedo y el morbo hacia lo exótico y desconocido. Esta forma de amar, lo diferente, nace a través del miedo que las enseñanzas eclesiásticas infundían en el creyente analfabeto. Es en este sentido que el acéfalo adquiere su fama.
El acéfalo, o también llamado Blemia, (Blemios, Blemmyos, Blemmyes, Blemmyaes, Blemmytas, Blemmies, Blemiis, Blemies, Blembi, Bilemni o Bleminges) cuando fueron asociados al pueblo africano de los Blemios debido a la reutilización de materiales de la cultura clásica, como la Chorografía, Pomponio Mela o los Collectantes de Mirabilis Mundi de Solino. Son una raza mitológica de hombres sin cabeza de la tradición romana, que tienen los ojos en los hombros y la boca en el tórax, y que tienen sus homónimos en Grecia (epistigi), China (sing. t´ien), Sudamérica (ewaipanonas) o el Caribe (chiparemis). Su procedencia oral proviene de Ctesias de Cnido, un médico griego que en siglo V a.C. que trabajó para el rey persa Artajerjes, el que explicó a sus compatriotas las maravillas que había visto en la lejana India. Posteriormente Plinio el viejo los incorpora a su Historia Natural en el mismo siglo, donde asocia diversos pueblos fantásticos como los Gampasantes, Gotapans o Himantopodas, al continente africano describiéndolos como “Blemmyes traduntur capita abesse, ore et oculis pectore adfixis” ”Blemias, que no tienen cabeza y tienen la boca y los ojos en el pecho”.
Según el antropólogo Eugen Strouhal, el yelmo o máscara de mimbre y el escudo oval que cubría desde la nariz hasta las rodillas “vestimentas encontradas por arqueólogos en la localidad de Qasr Ibrim en África” confundieron a los visitantes al ser vistos desde la distancia, dando la impresión de no tener cabeza, provocando una pareidolia facial que ubicaba los ojos y boca en su pecho.
La visión de las blemias en el periodo medieval.
Según el antropólogo Eugen Strouhal, el yelmo o máscara de mimbre y el escudo oval que cubría desde la nariz hasta las rodillas “vestimentas encontradas por arqueólogos en la localidad de Qasr Ibrim en África” confundieron a los visitantes al ser vistos desde la distancia, dando la impresión de no tener cabeza, provocando una pareidolia facial que ubicaba los ojos y boca en su pecho.
La visión de las blemias en el periodo medieval.
En el periodo medieval, el antropomorfo es utilizado profusamente por los cristianos para demonizar a los paganos. Autores como Agustín de Hipona en su “La ciudad de Dios” y Cosmas Indicopleustes en su “Tipografía cristiana”, describen sus rasgos físicos. Cosmas además los clasifica en “unos con boca y ojos en el pecho y otros con los ojos en los hombros”. Cuando se propagó la imagen de los Blemios hacia la India debido su confusión con Etiopía y por la aparición de textos aceptados como reales. ( como La Leyenda de Santo Tomás o el Reino del Preste Juan), el escritor inglés Jean de Mandeville en su libro Maravillas del mundo en 1356, agrega dos formas diferentes provenientes de esta localidad. «En otra isla, hacia la mitad, habitan gentes de fea estatura y de mala naturaleza, que no tienen cabeza y tienen los ojos en la espalda, y la boca, torcida como una herradura, en medio de los pechos. En otra isla, hay numerosas gentes sin cabeza, y que tiene los ojos y la cabeza en la espalda».
También su extensión llegó a las zonas limítrofes de la Cristiandad, como Rusia e Islandia, en donde se presentó un manuscrito que presenta dos variantes de acéfalos, Uno sin cabeza, pero con cuello, y los ojos en el pecho; otro con una cabeza que parece formar parte del tronco. Otra obra parecida en castellano escrita en el siglo XIV (Llamada Libro del conoscimiento de todos los reinos e tierras e señoríos que son por el mundo, e de las señales e armas que han cada tierra e señorío por se de los reyes e señores que los proveen.) nos habla de los Blemias o Cíclopes de Noruega, “gentes que han las cabezas en los cuellos”. En este periodo, también se suscitó la controversia de si ¿eran bestias u hombres? A lo que San Agustín de Aquino dijo: “todas las razas monstruosas, hombres sin cabeza -o con la cabeza equivocada- incluidos, o bien no existen o, si existen, son hijos de Adán y participan de la naturaleza humana tanto como nosotros.” Postulado que San Isidoro suscribió en el libro XI de sus etimologías.
En el Renacimiento, la creencia de hombres acéfalos se multiplica en Europa, en cambio en América, muchos de los mitos antes asociados a África o Asia son asimilados. En el primer caso, aparecen noticias que refieren a la existencia de «un niño sin cabeza que tenía los ojos y la boca en el pecho», Historia proveniente de Leiden, el 15 de agosto de 1514. Entre las fuentes anglosajonas que trasladan la existencia de los Blemias a América, se pueden destacar Los Viajes de Hakluyt, que alude al río y territorio de Gaora o Caora, habitado por hombres que se ajustan a la imagen de los Blemias de Plinio, o a los habitantes de la Guayana descritos por Walter Raleigh, que aparecen con el nombre de Ewaipainoma.
Por último, la imagen de los Blemias como seres realmente existentes empieza a decaer en el siglo XVIII, cuando son relegados, junto con otros seres míticos, al catálogo de figuras fantásticas, pero aún se siguen utilizando en textos literarios y enciclopédicos posteriores.
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