El mar ha sido utilizado tanto en las culturas indígenas como en la reutilización de las creencias ancestrales -como la lectura de sueños - para referirse al conjunto de emociones y sentimientos que se encuentran desde la superficie, hasta los que se encuentran en las profundidades. Es de esta simbolización que estos intérpretes, se sostienen para relacionar al cetáceo con aquellas emociones ocultas y que rara vez se dejan mostrar, pero que no dejan de estar presente en nuestro día a día. Es así que ya desde tiempos pretéritos, la ballena tuvo connotaciones malignas tanto en la mitología como en la religión cristiana. Ejemplos como el cetus o también llamado aspidochelone – bestia también ilustrada como una tortuga gigante- nos muestra cómo la inmensidad de este animal era asociado a la muerte del marino extraviado en el mar. Se dice, que cuando este animal reposa en la superficie de las aguas, viajeros extraviados desembarcan en su lomo o caparazón creyendo que se encuentran en una especie de isla, estos ilusos, prenden fuego para refugiarse hasta que el inmenso animal se sumerge y ahoga a toda la tripulación al sentir el calor de las llamas. Es pertinente recalcar que este mito ha sido reproducido en otros textos como las aventuras de Simbad o dentro de los viajes a la India realizados por Alejandro Magno, inclusive en periodos de la colonia donde el monje irlandés San Brandán es protagonista de la misma historia. El mismo cristianismo interpreta su historia en el bestiario, diciendo que el diablo atrae a los ilusos a la muerte a través de una falsa promesa de salvación. Otra de las manifestaciones de este animal, alude a su capacidad de embelesar a través del aroma a muchos peces jóvenes a los cuales embulle de una sola vez al presentarse la oportunidad, mientras que los peces viejos se mantienen alejados del peligro gracias a la sabiduría que poseen, es decir, otra forma de apuntar a la inexperiencia e ilusión como vía de la perdición.
También no olvidemos las múltiples historias que aluden al vientre de la ballena, como la bíblica de Jonás, en el que el protagonista es condenado por Dios al desobedecer su mandato, por lo que es devorado, y hasta que se redime a través de la oración, es liberado al tercer día en la costa. Si desconstruímos entones este tópico literario, obviamente se entiende a la ballena como vía a la muerte, al inframundo; en donde su colosal interior alude a lo desconocido tras el deceso, acordémonos que Jesús revive al tercer día, al igual que Jonás. El mismo esquema es reconstruido en versiones más actuales como la de Jack Sparrow, aunque tragado por el Kraken, también reitera el tema de ser engullido por una bestia descomunal y llegar a la muerte. También en una historia antecesora, la de Pinocho, quien realiza el mismo viaje de Jonás aunándolo con la isla ballena: la traición o caída en el mal, el ser devorado o muerto por el inmenso animal, corregir el camino a través de la redención y el renacimiento del hombre nuevo; aunque en el contexto del malévolo juego y como recordatorio de la cruel realidad, el último paso de renacer, nunca pasará.
El hombre medieval siempre tuvo la necesidad de explicar lo que no podía comprender a través de alegorías sobre una realidad superior en su vida común. De todas formas la religión siempre ha sido y será el actor y director de muchas de nuestras creencias, inclusive de los más escépticos.


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