domingo, 4 de febrero de 2018

El mito de la víbora áspid, una alternativa al basilisco.



Los bestiarios siempre han sido la cuna de las más grandes ilusiones de la cultura medieval, es por ello que algunos desafortunados animales han sido metamorfoseados por la religión y la creencia popular dándole características mucho más increíbles de las que ya poseen. Este es el caso del áspid, una culebra venenosa propia de Egipto, que es común en Europa. ¿Pero en qué se relaciona este animalillo con la criptozoología? Descúbrelo acá en el siguiente artículo.



El áspid o áspis, “as” en griego que quiere decir veneno, fue un ofidio símbolo de la riqueza y el poder en el antiguo Egipto, representando El Bajo Egipto (Ta-Mehu que significa "tierra del papiro") y asociándosele a la diosa Uadyet “Señora del Cielo", que simbolizaba el calor ardiente del Sol, y la llama del fuego . Es tan influyente su presencia que incluso también se le hace instrumento del suicidio de Cleopatra, ¿Pero cómo?: Se dice que esta colocó más de un áspid en su pecho, los que mamaron con tal violencia en ella que bebieron toda su sangre, de esta forma muriendo. Aunque en la actualidad el profesor de historia antigua de la Universidad de Trier, Christoph Schäfer, propone la teoría de que en vez de la mordedura de un Áspid, fue un coctel de variados venenos lo que le dio muerte a la reina del Nilo.


El origen mitológico de esta serpiente lo podemos encontrar en el mundo clásico, específicamente en el libro IX del poema épico llamado Farsalia, de Lucano Marco Anneo Lucano a​ (39-65) fue un poeta romano, de origen hispano, donde aparece el “catálogo de las serpientes”, un listado de serpientes que nacieron cuando la sangre de la cabeza decapitada de medusa cayó en Libia tras el paso de Perseo. Se dice la primera serpiente en aparecer fue el Áspid, y en último lugar el basilisco. Ya desde ahora les digo que es fuerte la relación entre las dos serpientes, como veremos más adelantes. 


Es así que el animal llego a formar parte del bestiario, ya sea por la fama de su nocividad o por la que le dio Cleopatra, y en este sentido también llegó a formar parte de las enseñanzas cristianas del medioevo. Según el physiólogo, texto homónimo y predecesor al bestiario, en la creencia medieval el Áspid era una serpiente de fuego que se caracterizaba por formar un círculo de tres pies quemando todo lo que se encontraba en él, en el que cualquiera que entrase, moriría. 

Por otro lado, según las cartas del Preste Juan o Pastor Juan era el nombre de un supuesto gobernante cristiano del Lejano Oriente según los relatos europeos de la Edad Media. Fue un personaje muy conocido entre los siglos XII y XVII., el áspid era dos veces más grande que un caballo y tenía nueve cabezas y dos alas. Se dice que esta cobra custodiaba el árbol llamado bálsamo (El Myroxylon pereirae), Aunque el italiano Brunetto Latini en su Libro de los tesoros, decía que protegía un carbunclo en vez del árbol, El Carbunclo era un mineral afanosamente buscado por los humanistas medievales tanto por su fama como por su uso en la heráldica- Ya sea uno o el otro, la protección la daba a toda hora, excepto el día de san Juan, es decir, el 24 de junio, en el que dormía día y noche. Se dice que esta festividad era el único momento para acercarse a él y aprovechar la savia del requerido árbol, pero no era tan sencillo como lo puedas creer: para lograrlo, el encantador debía dormirle a través de variados instrumentos, lo que provocaba que la tan temerosa serpiente, colocara su oído en la tierra llenándolo de fango y tapara el otro oído con la punta de la cola, en respuesta a la música. Si se le lograba sorprender y en consecuencia dormir, se podía proceder a la sustracción del bálsamo, aunque el encantador debía salir raudamente del lugar. Finalmente, cuando despertaba, al ver que le habían robado, gritaba tan fuerte que se le oía a una jornada de camino. 

Según el fisiólogo griego, existe una única forma de atrapar al áspid: Se juntan siete gavillas, y se les dejan remojar 7 días hasta que se pudran. Ya listo se debe dirigir al lugar del áspid con la nariz y la boca tapada –para no morir por la ponzoña-, se elige un palo de 7 metros y acercándosele desde lejos, con palabras de adulación, que harán que el áspid se tape los oídos. Entonces se le debían lanzar una a una las gravillas preparadas. Al momento de llegar a la distancia de 7 metros, con el palo, se corría la cola que tapa el oído, provocando la muerte del animal. Posteriormente, en unos textos sueltos del apéndice de Francesco Sbordone (filólo clásico italiano del siglo XX, profesor de gramática latina y griega de la universidad de Nápoli) que se agregaron al fisiólogo griego original, tanto el áspid como el basilisco pasaron a relacionarse como una de las figuras del diablo con fragmentos tales como “Pondrás tu pie sobre el áspid y el basilisco y pisotearas al león y al dragón” extraídos del libro de Salmo 90, versículo 13.

Es a partir del siglo XIII, que la figura del áspid se volvió partícipe de la del basilisco. A través de que Bartholomeus Anglicus Un erudito escolástico de principios del siglo XIII, miembro de la orden franciscana, corrige las afirmaciones de Beda el Venerable (c. 672 – 27 de mayo de 735) fue un monje benedictino en el monasterio de Saint Peter en Monkwearmouth y el primero en estipular que el basilisco nacía de un huevo. Ahora, ya no nacía de los huevos amarillentos del gallo –si sé, el gallo no pone huevos, pero esto es mitología ¿no? – sino de los huevos del áspid que son robados por la rana, la que muere :c al ver nacer al basilisco. Propiedad que según Plinio fue abarcada en Isaías, en el capítulo 41 de su libro diciendo “Quien come los huevos del áspis, morirá” –También en Isaías 30-06 se hace metafórica referencia a la habilidad de volar del áspid-.

¿Una historia fantástica no? Pero sería erróneo decir que es solo un cuento antiguo, porque en la actualidad, el Áspid mitológico ha llegado a Latinoamérica a través de la colonización. Según el religioso franciscano español Bernardino de Sahagún en su “Historia de las cosas nuevas de Nueva España” escrita entre 1540 y 1585, según los nativos mexicanos existían ciertas sierpes que también fueron asociadas al Áspid, aunque no tan fantásticas como la anterior. El tecuitlacozauhqui, Izta coatl o Tleoa, la palabra se escribe separada y no refiere al cuarto tlatoani de los mexicas, que se escruve itzcoatl. serpientes que mantienen ciertos rasgos a ojos españoles. Esto debido a que se atribuye erróneamente el nombre de Áspid a otras especies de víboras, e incluso a cualquier clase de serpiente venenosa. 


Es así como toda la significancia del bestiario, llega como enseñanza en la biblia, en versículos como Salmo 58-4-5: Veneno tienen como veneno de serpiente; son como el áspid sordo que cierra su oído, que no oye la voz de los que encantan, por más hábil que el encantador sea. Como también en Deu_32:33 ; Job_20:14 ; Psa_58:5 ; 91:13; Isa_18:8. 

Hasta acá, la investigación sobre el áspid.



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